Nacemos en la búsqueda incansable de una meta; ser alguien, dejar un legado, formar parte, pertenecer. No vemos cuanto pertenecemos a nuestra comunidad, no vemos como somos parte de algo incluso cuando sentimos que somos ajenos a todo lo que nos rodea. Cuando me siento así, salgo de mi cuerpo, mi mente se va volando, pero no tan lejos. Se va a orbitarme como si estuviese atraída por la fuerza de gravedad de quien soy y levita sobre mi y a mi lado. Es esta mente que me ve y clasifica lo que percibe, me dice quien soy en la comunidad a la que pertenezco.
Puedo ser el vecino amargado, el agradable, el productor, el músico, puedo ser el vecino fastidioso que toca la guitarrita todo el día pero no tiene cara, el vecino que se la pasa golpeando el suelo con los pies, soy el vecino que tiene el perrito gritón, soy el vecino.
Puedo ser el compañero de trabajo misterioso porque solo hablo con los que trabajo directamente y no me interesa socializar, puedo ser el que habla mucho en los viernes sociales, puedo ser el que va a una fiesta y baila solo toda la noche, el que no quiere bailar ni un poco, puedo ser el que liga con muchas personas, puedo ser el que no liga con ninguna. Soy un hombre hecho y derecho, soy una dama ante todo. Un caballero con muchos modales o un perroflauta sin bañarse en semanas.
Darme cuenta de la cantidad de personas que puedo ser dependiendo del ojo de quien me mire, me hizo ver la maleabilidad del individuo. Un individuo es todas las personas que sabe que existen, el callado, el hablador, el aburrido, el divertido, somos un espectro, solos un diagrama de Venn, un conjunto de conjuntos fractales y microdivididos que no te permiten definirte.
Teniendo tantos yo dentro de mi, me doy cuenta que también hay miles de yo regados en las mentes de quienes me ven, me conocen, me escuchan, me huelen o me tocan. Hay miles de yo que influyeron en vidas, hay miles de yo que molestaron vidas, hay miles de yo que fueron ignorados, rechazados o excluidos por no ser lo necesario en el momento, en el contexto.
Hay un yo dentro de mi que no sabe el plural de yo. Hay un yo dentro de alguien que sonríe cuando me ve. Hay un yo dentro de alguien que se entristece cuando escucha de mi. Hay un yo dentro de alguien que espera que le llame. Hay un yo dentro de alguien que espera que no le contacte jamás. Todos esos yo, soy yo, son mi huella en el tiempo, en las emociones, en los recuerdos. Todos esos yo, soy, fui y seré.
Y aunque no vea aún los yo que seré, los espero y se que los amaré porque amarme, incluye amar lo desconocido de mi, lo que fui y lo que soy y hoy estoy aquí para darme amor.
Me amo.