Hoy es un día como cualquier otro. Ayer tuve un ataque de pánico disparado por escuchar la nota de voz de Pedro, con quién no he hablado en cuatro años. No lo consideraba una mala persona y creía que estas no existían, pero desde que cayó enfermo, no ha hecho más que demostrar lo contrario. Manipula, miente y moldea la verdad dependiendo de con quien hable, dependiendo de quién le escuche o lea.
Desde 2018 hasta ahora, ha ido perdiendo su movilidad poco a poco, al punto de que hoy, necesita un enfermero que le atienda 24/7.
No quiero que mi vida gire en torno a esta persona, no quiero que mi bienestar emocional dependa de contar o no la historia, sin embargo, aún tengo las defensas bajas a la hora de hablarle. Siento que tengo la necesidad de perdonarle, siento que sus hijas Daniela y Sylvia están cargando con algo que no deberían. Sin embargo, no puedo arreglarle la vida a todo el mundo, debo entender que no soy todopoderoso y que no tengo la responsabilidad de darle a nadie bienestar. Mucho menos, a costa de mi bienestar.
Quiero tratar de sanar y mejorar, quiero entender de donde vienen mis emociones, quiero entender por que me siento tan mal cuando pongo un límite.
Mirar hacia dentro es algo que hago mucho pero hay demasiado espacio dentro de mi como para verlo todo en mi tiempo de vida, porque los humanos, somos como el universo, estamos en constante expansión. No significa que expandirnos es algo positivo o negativo, solo es. Y ese ser y expandirse puede ser beneficioso para algunos y perjudicial para otros, tal vez la expansión de Pedro, en algún momento la consideró beneficiosa para él, mientras iba perjudicando a otros.
La culpa y el arrepentimiento son parte de mis emociones diarias, si hago sentir mal a alguien, si mis acciones truncan la alegría de alguien. No se gestionar eso, no se.